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El equipo de arquitectos del ascenso: así se construye el sueño del Oli 2026/27

El olor a césped, ya sea natural o de ese artificial tan majo del Valle de las Cañas, empieza a impregnar el aire. Las botas de rugby, que han roncado un poquito durante el verano, ya están pidiendo guerra. Y es que, queridos olímpicos, la temporada 2026/27 asoma la patita, y en el Olímpico de Pozuelo ya estamos con el mono de trabajo puesto, las ideas claras y el objetivo bien marcado: el ascenso. Este año, más que nunca, la ambición es la gasolina que mueve nuestra maquinaria, y para eso, hace falta un equipo que no solo dirija en el campo, sino que lo haga desde el corazón y la estrategia.

Y es que el rugby, como la vida misma, no se gana solo con fuerza bruta. Necesita cabeza, necesita estrategia, necesita un buen plan de partido y, sobre todo, una piña que reme en la misma dirección. Por eso, hemos echado un vistazo al staff del sénior masculino, esa tropa de visionarios que, con sus pizarras, sus vídeos y sus cañas de después, son los verdaderos arquitectos de nuestro sueño. Un sueño que se llama División de Honor B y que, con este equipazo, está más cerca de hacerse realidad.

La maquinaria del ascenso: los cerebros en el banquillo

Al frente de esta expedición, con los brazos cruzados y una sonrisa que inspira confianza, tenemos a Guillermo Álvarez, nuestro headcoach. En la imagen, se le ve con la camiseta del club, marcando músculo y con la mirada puesta en el horizonte, como quien ya está visualizando el siguiente placaje. Para muchos, es simplemente Borroca, un nombre que suena a buen rollo y a saber hacer. Él es el timonel, el que marca el rumbo, el que sabe cuándo apretar y cuándo soltar la cuerda para que el equipo vuele. Su liderazgo es la primera piedra de este proyecto, y con él al mando, sabemos que la nave del Oli va por buen puerto.

Pero Borroca no está solo en esta aventura. A su derecha, compartiendo la carga y la ilusión, encontramos a Tony Zulli, el segundo entrenador. Si en la foto le veis con gafas y barba, es porque no se le escapa ni un detalle. Con los brazos también cruzados, Tony es la mano derecha, el cerebro táctico, el que afina la estrategia y el que tiene el ojo puesto en cada jugador. Es el complemento perfecto, la otra mitad de la pizarra, y su conocimiento del juego es tan profundo como el cariño que le pone a cada entrenamiento. Si el Oli aspira a grandes cosas, es porque tiene un cuerpo técnico que respira rugby por los cuatro costados.

Y para que esa estrategia no sea solo un dibujo en la pizarra, entra en juego Matias Altamarino, nuestro analista de vídeo. En su foto, también con los brazos cruzados y una sonrisa pícara, parece que ya está pensando en el próximo análisis. Matias es el ojo que todo lo ve, el cirujano de los partidos. Cada jugada, cada placaje, cada melé… todo pasa por su lupa. Es el encargado de desmenuzar el juego, de encontrar esos pequeños detalles que marcan la diferencia entre la victoria y la derrota. Con él, los jugadores saben dónde mejorar, dónde apretar y dónde sorprender al rival. Es el señor precisión, el que nos da la ventaja invisible.

Los engranajes que hacen girar el Olimpo: gestión y organización

Pero un equipo de rugby no solo lo hacen los que entrenan y juegan. Detrás de cada partido, de cada entrenamiento, de cada viaje, hay un trabajo invisible, pero fundamental, que lo hace posible. Y ahí es donde entran en juego dos figuras que son el alma de la organización.

Primero, con esa sonrisa que denota experiencia y saber estar, tenemos a Alberto Rascón, el manager. En la imagen, Alberto, al que muchos conocen cariñosamente como “Maño”, nos regala una mirada serena y unos brazos cruzados que transmiten calma. Él es el todoterreno, el que se encarga de que todo lo que rodea al equipo funcione como un reloj suizo. Desde los equipajes hasta la logística, Maño es el que hace posible que los jugadores solo tengan que preocuparse de una cosa: jugar. Su dedicación es una de esas joyas ocultas que hacen que el Olímpico sea lo que es, un club donde te sientes como en casa.

Y acompañando a Maño en esta tarea titánica, tenemos a Julián Rodríguez, nuestro delegado. En su foto, Julián irradia buen rollo con una sonrisa contagiosa, barba y gafas que le dan un aire de abuelo sabio del rugby. Julián es el enlace, el que está al pie del cañón en cada partido, el que se asegura de que no falte de nada y de que todo esté en orden. Es la voz amable que gestiona los pequeños y grandes imprevistos, el que se encarga de que la comunicación fluya y de que el equipo esté siempre arropado. Su presencia es un bálsamo, un recordatorio de que en el Oli somos una gran familia.

El corazón del Oli late fuerte: más allá del resultado

Este staff no es solo un conjunto de nombres y cargos; es la suma de experiencia, pasión, conocimiento y, sobre todo, un amor incondicional por el rugby y por el Olímpico de Pozuelo. Cada uno, desde su parcela, aporta un pedacito para construir ese sueño de ascenso que nos ilusiona a todos. En sus caras, en sus posturas, se ve la determinación, pero también la cercanía, esa que hace que los jugadores no solo les vean como entrenadores o gestores, sino como compañeros de viaje, casi de la misma familia.

La temporada 2026/27 no será un camino de rosas, eso lo sabemos. Habrá placajes duros, melés disputadas y algún que otro partido que se decidirá en el último minuto. Pero con este equipo de “arquitectos” al mando, estamos listos para el reto. Para el Oli, el ascenso no es solo un objetivo deportivo; es la culminación de un trabajo de muchos años, de la dedicación de toda una comunidad y de la ilusión de una cantera que mira al primer equipo con ojos brillantes. Es la recompensa al esfuerzo, a la camaradería y a esos valores que hacen del rugby algo más que un deporte.

Así que, olímpicos y olímpicas, la cuenta atrás ha comenzado. Preparaos para vibrar en el Valle de las Cañas, para animar a rabiar y para sentir el calor de nuestra gran familia. Y, por supuesto, después de cada partido, quedaos para el tercer tiempo, porque ahí es donde la magia del rugby se completa, con unas cañas, unas risas y la mejor compañía. ¡Aúpa Oli!

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