Ah, el Valle de las Cañas… ese trocito de paraíso donde el césped, aunque a veces sea más artificial que natural, se convierte en el lienzo de nuestras mayores gestas y, por qué no decirlo, también de algún que otro resbalón épico. Y si hay un día al año en que ese lienzo se llena de color, de risas y de ese espíritu indomable que nos define, ese es, sin duda, el Día del Club.
Este año, la fecha marcada en el calendario con un rotulador gordo y azul es el próximo 19 de septiembre. A partir de las 10:00h, la casa se nos llenará de la buena gente del Olímpico, desde los más chiquitines que aún confunden el oval con una patata, hasta los veteranos que ya han visto más placajes que días de sol en Londres. Va a ser uno de esos saraos que nos recuerdan por qué este escudo, este Omega que llevamos en el pecho, es mucho más que un simple logo.
Mirad la imagen que acompaña este anuncio. ¿No os entran unas ganas locas de volver a esos días de sol, bocatas de chorizo y risas que se mezclan con el olor a linimento? Se ve a nuestra cantera dándole al “tercer tiempo” particular, con sus zumos y sus dulces, bajo los árboles que rodean el campo. Caras de alegría, camisetas del Olímpico bien puestas, y ese ambiente de camaradería que solo el rugby, y esta familia, saben crear. ¡Qué maravilla!
XVIII Memorial Víctor García: un legado que placamos con cariño
No hay Día del Club sin una parada obligatoria en la memoria. Y este año, como ya es tradición, celebraremos el XVIII Memorial Víctor García. Víctor fue, es y será siempre parte del alma de este club. Su espíritu de lucha, su pasión por el oval y, sobre todo, su calidad humana, siguen marcando el camino a cada generación que pisa nuestro campo. Es un día para recordar, para honrar su legado con el mejor rugby posible y para sentir que, de alguna forma, sigue con nosotros en cada melé, en cada ensayo y en cada abrazo después del partido.
Es importante que los más jóvenes sepan quién fue Víctor, que el nombre no se quede solo en un cartel. Por eso, este memorial no es solo un partido, es una lección de historia y de valores, una forma de pasar el testigo de lo que significa ser un Olímpico. Y creedme, no hay mejor manera de hacerlo que con los tacos puestos y la ovalada en las manos.
El rugby que nos une: de la escuela a los sénior con parada y fonda
¿Qué sería de un Día del Club sin una buena ración de rugby? Nada, ¿verdad? Por eso, el programa viene cargadito de emociones sobre el césped artificial del Valle (que ya es casi más un segundo hogar para muchos). Tendremos partidos de la Escuela, donde veremos a las futuras promesas (y algún que otro futuro “tres cuartos” que ya apunta maneras con el balón bajo el brazo) corretear con esa energía que solo tienen los niños.
Será un gustazo ver cómo los más pequeños, con sus equipaciones flamantes, aprenden a pasar, a placar (suavemente, que están creciendo) y, lo más importante, a jugar en equipo. Luego, les tocará el turno a los partidos sénior. Aquí ya la cosa se pone seria, o no tanto, según el rival y la cantidad de cañas del tercer tiempo de la semana anterior. Pero lo que sí es seguro es que veremos ese rugby valiente, esa garra y ese compañerismo que son marca de la casa. Y sí, esto incluye a nuestras chicas, que cada vez nos demuestran más que el rugby femenino en el Olímpico es tan importante y tan emocionante como cualquier otro. Verlas en acción es siempre un espectáculo, pura potencia y estrategia. No esperéis que les hagamos la ola, porque para nosotros son simplemente, y con orgullo, una parte nuclear de nuestro equipo.
Más allá del campo: cacharritos, bocatas y risas a tutiplén
Pero no todo va a ser sudar la camiseta (que también). El Día del Club es la excusa perfecta para reencontrarnos, para charlar, para criticar amistosamente al árbitro del partido de la semana pasada y para, en definitiva, hacer piña. Tendremos venta de merchandising, así que si os falta esa sudadera de invierno o queréis renovar la camiseta con el Omega bien grande, este es el momento. Ya sabéis, para ir conjuntados y con orgullo por la vida.
Y claro, como no solo de rugby vive el hombre (y la mujer, y el niño), también habrá comida y bebida para reponer fuerzas después de tanto placaje o tanto aplauso. Unas hamburguesas, unos perritos, algo fresquito para combatir el calor de septiembre… la receta perfecta para el éxito. Eso sí, un pequeño apunte, que luego vienen los líos: ¡traed efectivo! Que el datáfono se nos rebela con el aire libre y a veces no hay cobertura ni para pedir un refuerzo de delanteros. Así que, para evitar sustos y que la comida fluya, mejor ir preparados.
En la foto se ve a los más pequeños, con sus camisetas azules y blancas con el escudo del Omega, compartiendo mesa y mantel (o más bien, mesa de picnic y envoltorios de Grefusa, que no falte) como si no hubiera un mañana. Alguno ya está con el segundo bollo, y otros, con esa mirada pícara, a ver si pillan el último trozo. Esa es la esencia: compartir, disfrutar y reponer fuerzas para la siguiente carga. Es la viva imagen de lo que somos.
El espíritu Omega: una familia que crece con cada placaje
El Día del Club es mucho más que una fecha en el calendario. Es la cristalización de lo que significa ser parte del Olímpico de Pozuelo. Es ver cómo las generaciones se mezclan, cómo los veteranos cuentan sus batallitas a los más jóvenes, cómo los padres y madres animan a sus hijos en el campo y luego comparten una caña con los entrenadores. Es la confirmación de que somos una verdadera familia, con sus más y sus menos, pero siempre unidos por el oval y por esos valores que nos hacen únicos.
Cada risa, cada abrazo, cada placaje (y cada placado) de ese día refuerza los lazos que nos unen. Porque el rugby es eso: unión, respeto, esfuerzo y, sobre todo, compañerismo. Y aquí, en el Olímpico, lo tenemos a raudales. Desde 1964, el club ha sido un hogar, un punto de encuentro, y este día es la mejor manera de celebrarlo y de seguir construyendo el futuro.
Así que ya sabéis, la cita es ineludible: 19 de septiembre, a partir de las 10:00h, en nuestro querido Valle de las Cañas. Poned la fecha en rojo en el calendario, preparad la nevera de camping (y la cartera con billetes, no se os olvide), y venid a reencontraros con la familia, a animar a los nuestros y a disfrutar de un ambiente inigualable.
¡Os esperamos con los brazos abiertos y las ganas de rugby a tope! Y por supuesto, ¡quedaros a las cañas del tercer tiempo, que esas son sagradas y son el broche de oro para un día perfecto! ¡Vamos Olímpico!
Agradecimiento a nuestros patrocinadores
Un agradecimiento muy especial a las empresas e instituciones que apoyan e impulsan al Club Olímpico de Pozuelo de Rugby. Su compromiso y cercanía hacen posible que la Escuela, la Familia Omega y cada uno de nuestros equipos sigan disfrutando y compitiendo en el Valle de las Cañas. ¡Gracias por empujar en la melé con nosotros!
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