Se acabó. El verano, esa época dorada de helados a deshora, arena hasta en el carnet de identidad y la pregunta existencial “¿qué hacemos hoy?”, ha llegado a su fin. Los días se acortan, las hojas empiezan a pensar en cambiar de color y una energía incontenible, acumulada durante meses de inactividad programada, amenaza con implosionar entre las cuatro paredes de todos los hogares. Sí, hablamos de sus hijos. Esos pequeños seres que hace dos meses despedían el colegio con alborozo y que ahora deambulan por casa como leones enjaulados, rebotando contra los muebles y descubriendo nuevas formas de poner a prueba su paciencia. Pero no teman, valientes progenitores de Pozuelo y alrededores, porque ha llegado la caballería. Y viene con un balón ovalado bajo el brazo.
El próximo 4 de septiembre, el Club Olímpico de Pozuelo Rugby abre las puertas del Valle de las Cañas para dar el pistoletazo de salida a una nueva temporada de su aclamada Escuela y Academia. Es la solución definitiva, la extraescolar que lo tiene todo. ¿Deporte al aire libre? Por supuesto, que corran hasta que vean el césped en tecnicolor. ¿Valores? A raudales: respeto, disciplina, compañerismo… todo eso que intentas enseñarles en casa pero que parece que entra mejor cuando te lo explica un entrenador de dos metros con voz de sargento y corazón de osito de peluche. ¿Diversión? Garantizada. Porque, seamos sinceros, ¿qué hay más divertido que revolcarse legalmente por el barro persiguiendo un balón con una forma que desafía las leyes de la física? Es la oportunidad perfecta para que quemen esa energía infinita, para que aprendan a caerse y, lo que es más importante, a levantarse con una sonrisa y la ayuda de un compañero. Y para vosotros, padres, es la bendita promesa de dos tardes a la semana de paz, silencio y la posibilidad de tomar un café sin que nadie os pida que le sujetéis el cubata… digo, el zumo.
Pero, ¿qué es esto de la Escuela y la Academia? ¿Acaso vamos a convertir a los pequeños en catedráticos del placaje? Pues casi. La estructura está pensada para acoger a cualquier criatura desde los 6 hasta los 18 años, adaptando la intensidad y los objetivos a cada etapa. La Escuela, para los más pequeños, es el primer contacto con este noble arte. Aquí no se trata de crear campeones del mundo de la noche a la mañana, sino de enamorarlos del deporte. Es un caos controlado de juegos, carreras, risas y algún que otro revolcón. Aprenden a pasar el balón (hacia atrás, la primera y más desconcertante lección del rugby), a correr con él sin tropezarse con sus propios pies y, sobre todo, a formar parte de un equipo, de una manada, de la gran familia Omega. Los entrenadores son expertos en la doma de fieras, capaces de transformar un grupo de gremlins hiperactivos en un equipo cohesionado con la promesa de un tercer tiempo con gusanitos.
A medida que crecen, la Academia toma el relevo. Aquí la cosa se pone un poco más seria, pero solo un poco. Para las categorías Sub-16 y Sub-18, la competición en la liga madrileña añade ese punto de sal y pimienta. Los entrenamientos de los martes y jueves por la tarde se vuelven más tácticos, más físicos. Se pule la técnica, se aprende a leer el juego y se forjan amistades a prueba de melés y placajes al tobillo. Los fines de semana se llenan de torneos, festivales y partidos que son una auténtica fiesta para toda la familia. Porque el rugby no se queda en el campo; se extiende a la grada, a las barbacoas post-partido y a los viajes en autobús donde se canta igual de alto en la victoria que en la derrota. Es una escuela de vida que enseña que el esfuerzo tiene recompensa, que el compañero de al lado es tu hermano y que el rival, en cuanto pita el árbitro, es un amigo con el que compartir una bebida y analizar la jugada.
Y ahora viene lo mejor, la guinda del pastel, la oferta que no podréis rechazar. Como sabemos que comprometerse es difícil y que la agenda de un niño es más complicada que la de un ministro, os lo ponemos fácil. Durante todo el mes de septiembre, la puerta del Valle de las Cañas está abierta de par en par para que cualquier niño o niña venga a probar. Sin compromiso. Sin pagar un euro. Gratis. Cero. Niente. Nada. Pueden venir un día, dos, o el mes entero. Que se pongan unas botas, ropa de deporte y ganas de pasarlo bien. Nosotros ponemos los balones, los conos y a los entrenadores con una paciencia infinita.
¿Qué tenéis que perder? Absolutamente nada. ¿Qué podéis ganar? Una afición para vuestros hijos que les acompañará toda la vida, un grupo de amigos incondicionales, una mejora en su condición física y una lección de valores que no se aprende en los libros. Y, no nos olvidemos, unas tardes de martes y jueves para vuestro uso y disfrute. Es un plan sin fisuras. Así que no le deis más vueltas. Si queréis más información, si queréis inscribir a vuestra futura estrella o si simplemente queréis hacernos una consulta, tenéis varias vías. Podéis visitar nuestra web en https://www.olimpicorugby.com, que está más completa que la enciclopedia británica; podéis enviarnos un correo electrónico a escuela@olimpicorugby.com, que respondemos más rápido que un ala en carrera; o podéis mandarnos un mensaje directo por nuestras redes sociales. No seáis tímidos. Os esperamos en el Valle, ese lugar mágico de Pozuelo donde los niños entran con la batería al 150% y salen listos para cenar y caer rendidos en la cama. De nada.




