Mientras Pozuelo se engalanaba para dar el pistoletazo de salida a sus fiestas patronales, en el Valle de las Cañas se celebraba una liturgia muy nuestra, una de esas que huelen a hierba, a Reflex y a amistad de la buena. El pasado sábado, el IV Memorial Mateo Sánchez Domínguez congregó a la flor y nata de la veteranía olímpica. Y cuando decimos “flor y nata”, nos referimos a ese selecto grupo de leyendas cuyo calentamiento consiste en estirar con cuidado para no romperse y comprobar que el número del fisio sigue en la agenda del móvil. Nuestros queridos DPOLD, los viejóvenes del club, desempolvaron las botas, se ajustaron las rodilleras (algunos, el corsé) y saltaron al campo con la misma ilusión de un cadete en su primer partido.
Porque este torneo no es un torneo cualquiera. Aquí no se juega por una copa de metal, se juega por algo mucho más grande: el recuerdo imborrable de una personita muy importante para nosotros, de Mateo. Es un día para celebrar la vida, el rugby y esa hermandad indestructible que se forja en el barro y se sella en el tercer tiempo. Una jornada donde las reglas son un poco más flexibles, los placajes un poco más “amistosos” y el tercer tiempo empieza, para algunos, casi antes del pitido inicial. El ambiente era eléctrico, una mezcla perfecta de nostalgia, risas y el sonido característico de alguna articulación quejándose en una melé.
Pero esta edición tenía un toque especial, un detalle que elevaba el evento a una categoría interestelar. Los participantes lucían unos polos conmemorativos que eran pura fantasía: el mismísimo Buzz Lightyear, el guardián espacial más famoso de la galaxia, estampado como emblema. Un guiño magistral, una declaración de intenciones. Porque si algo define a esta familia y al espíritu que Mateo nos legó es esa capacidad de ir “¡Hasta el infinito y más allá!”. Ver a nuestros veteranos, auténticos comandos estelares del rugby, corretear por el campo fue una imagen para el recuerdo. Algunos con más aerodinámica que otros, todo hay que decirlo, pero todos con el mismo compromiso. Era la metáfora perfecta: aunque el cuerpo ya no responda como antes, el espíritu sigue intacto, listo para cualquier aventura.
El torneo fue un carrusel de emociones. Hubo ensayos de pura pillería, pases que desafiaban las leyes de la física (y de la lógica), y alguna que otra carrera épica de cinco metros que parecía una maratón. Se escuchaban más consejos desde la banda que en un congreso de entrenadores, y las risas eran la banda sonora principal. Se recordó a Mateo en cada jugada, en cada abrazo, en cada cerveza compartida después. Porque de eso se trata, de mantener viva su llama, de que su legado sea la energía que nos une año tras año. Agradecemos enormemente a los equipos que se unieron a esta fiesta del rugby y la amistad, demostrando que los valores de nuestro deporte están por encima de cualquier color.
El día concluyó como deben concluir estas cosas: con el sol cayendo sobre el Valle, con la sensación del deber cumplido y con más anécdotas para el baúl de los recuerdos. La jornada fue un éxito rotundo, no por los resultados, que a estas alturas son lo de menos, sino por la comunión que se respiraba en el ambiente. Gracias a todos los que os pasasteis por el club a animar, a saludar o, simplemente, a aseguraros de que vuestro veterano de confianza volvía a casa de una pieza. Gracias a cada jugador que se vistió de corto y nos recordó por qué amamos este deporte con locura.
Un agradecimiento especial a la organización, que se deja la piel para que todo salga a pedir de boca, y por supuesto, a @mon_dela22 por inmortalizar con su cámara estos momentos mágicos, capturando no solo jugadas, sino la esencia de la #FamiliaOmega.
El recuerdo de Mateo sigue más vivo que nunca, y eventos como este son la prueba fehaciente. El Memorial ha sido un nuevo capítulo en esta historia de amistad sin fin. Ya estamos contando los días para el siguiente, preparando nuevos diseños para el polo y, sobre todo, acumulando más historias que contar. Porque mientras haya un balón, un campo y un grupo de amigos dispuestos a pasarlo bien, el espíritu de Mateo y del Olímpico seguirá rugiendo. ¡Hasta el infinito y más allá!




