¡Silencio, se rueda! O mejor dicho, ¡silencio, se placa! Se acabó la calma chicha del verano, ese periodo soporífero en el que lo más emocionante que le pasaba a un balón de rugby era coger polvo en el almacén. El Valle de las Cañas despierta de su letargo y el eco de los primeros golpes, los gritos de ánimo y algún que otro lamento ya resuenan por todo Pozuelo. Este sábado 20 de septiembre no es un sábado cualquiera; es el ensayo general antes del gran estreno. La pretemporada llega a su punto álgido con una jornada de rugby total, un menú degustación con más platos que una boda de postín, diseñado para que nadie se quede con hambre de melés, rucks y carreras hasta la línea de ensayo. Desde los más pequeños que sueñan con ser leyendas hasta los veteranos que ya tienen las articulaciones como un sonajero, todo el club se pone en modo batalla. Es el momento de quitarse las telarañas, de comprobar que las nuevas botas no hacen rozaduras y, sobre todo, de recordar esa maravillosa sensación de irse a casa con una sonrisa de oreja a oreja y el cuerpo pidiendo a gritos una bolsa de hielo. Así que preparen las gargantas para animar y los estómagos para el tercer tiempo, porque el Olímpico vuelve a la carga y el espectáculo está a punto de comenzar. ¡Vamos Oli!
La jornada arranca bien temprano, porque en este club al que madruga, un buen placaje le ayuda. A las 10:00 de la mañana, nuestros SUB 18 ponen rumbo a Hortaleza para un torneo amistoso que de amistoso solo tendrá el nombre. Es la primera gran prueba de fuego para nuestra prometedora academia, una oportunidad para que demuestren que las horas de entrenamiento bajo el sol de justicia han dado sus frutos. Se van de excursión, sí, pero no a buscar gamusinos, sino a repartir rugby del bueno y a dejar claro que la cantera del Olímpico viene pisando más fuerte que una estampida de primeras líneas. Mientras los juveniles defienden el honor del club en tierras lejanas (bueno, en otro barrio de Madrid), en casa se cuece algo muy especial.
A las 10:30, la Escuela tiene una clase magistral. ¿El profesor? Ni más ni menos que el equipo senior masculino. Veremos una estampa para el recuerdo: gigantes de más de cien kilos enseñando con la delicadeza de un cirujano a futuras estrellas que apenas les llegan a la cintura. Es la esencia del rugby, la transmisión de valores y conocimientos de generación en generación. Los mayores aprenden a ser pacientes y los pequeños aprenden que, para placar a alguien que te saca tres cabezas, más vale maña que fuerza. Es la fábrica de sueños del Olímpico funcionando a pleno rendimiento, forjando no solo jugadores, sino una gran familia.
El mediodía trae consigo un triangular de alto voltaje. A las 12:00, el césped del Valle acogerá un duelo a tres bandas entre nuestras chicas, Majadahonda y Cisneros. Se espera una batalla táctica y física, un aperitivo de lujo que demostrará por qué el rugby en esta categoría es pura dinamita. Será una fantástica oportunidad para ver en acción a nuestro equipo, que llega con las pilas cargadas y ganas de demostrar que el trabajo de pretemporada va por el buen camino. Será un carrusel de partidos intensos, rápidos y sin un segundo para el respiro, la antesala perfecta para lo que vendrá después.
Y para rematar la faena, el plato fuerte del día. A las 16:00, el equipo masculino se enfrenta a dos huesos duros de roer: CRC y Sanse Scrum. Un choque de trenes en formato reducido que servirá como termómetro final para medir el estado de forma del equipo antes del inicio de la liga. Se esperan placajes que hagan temblar los cimientos, melés que parezcan una obra de ingeniería y jugadas a la mano que levanten al público de sus asientos. Es la última oportunidad para que el míster haga sus probaturas, para que los jugadores se ganen el puesto y para que nuestros rivales se vayan a casa con un mensaje claro: este año, visitar el Valle de las Cañas va a ser un fortín para cualquiera. En definitiva, un sábado completito que nos recuerda por qué amamos este deporte. ¡Que “ruede” el oval!




