Tras un letargo estival que a muchos nos hacía dudar si los balones ovalados habían hibernado o directamente huido a latitudes más cálidas, la actividad en el Club Olímpico de Pozuelo de Rugby ha vuelto con la furia controlada de un delantero con ganas de placar. Y sí, hablamos de nuestras intrépidas guerreras del senior femenino, que se lanzaron a la aventura bilbaína para el primer contacto ‘oficial’ con el terreno de juego.
Oficial entre comillas, porque un amistoso de pretemporada es, a ojos del aficionado medio y del que suscribe estas líneas, más bien una expedición antropológica para ver cómo los nuevos fichajes se integran en el ecosistema, y si las veteranas aún recuerdan cuál es su pie dominante para chutar. La misión era clara: romper el hielo, desenmohecer los músculos y, lo más importante, empezar a forjar esa alquimia de equipo que solo se consigue a base de sudor, algún que otro golpe inocente y muchas risas post-partido.
Bilbao, capital del mundo, del buen comer y mejor beber, fue el escenario elegido para este rito iniciático. Un viaje que, más allá de los metros ganados o perdidos en el campo, busca cimentar los lazos de un grupo que este año promete dar mucha guerra. Porque el escudo de la omega no se defiende solo con placajes, se defiende con el alma, con el compañerismo y con esa locura compartida que nos une. Nuevas incorporaciones, de las que no daremos pistas porque el misterio tiene su encanto (y porque nos gusta mantener la intriga, qué le vamos a hacer), ya tuvieron el honor de pisar el césped con la camiseta de la Omega. ¿Nombres? ¿Apellidos? ¿Manías inconfesables? Todo se desvelará, como los buenos capítulos de una serie, en su debido momento. De momento, sabemos que están aquí para sumar, para aprender y, sobre todo, para divertirse en este deporte de caballeros… y señoritas con más #@~@# que muchos caballeros.
El partido en sí, contra las amigas de la Uni Bilbao Rugby, fue una danza de reencuentros, de pruebas y de ‘¡ay, cómo duele la primera carrera de la temporada!’. Estos amistosos son el laboratorio perfecto para los entrenadores, esos alquimistas del oval que intentan convertir un puñado de individuas con ganas en una máquina engrasada de rugby. Se prueban sistemas, se ajustan melés que parecen una sesión de twister colectivo, y se ensayan alineaciones que, al principio, se parecen más a un baile descoordinado que a una estrategia de juego. Pero es precisamente en esos primeros balbuceos donde reside la magia. Ver cómo la gente se busca en el campo, cómo las miradas empiezan a conectar, cómo el ‘tú por aquí, yo por allá’ se transforma en ‘nosotros atacamos así’. Es el momento de los errores perdonables, de los placajes que no llegan a tiempo y de las carreras que se quedan a medias. Cada uno de ellos es un ladrillo más en la construcción de este nuevo equipo.
El senior femenino, con la frescura de las nuevas incorporaciones y la experiencia de las veteranas, se enfrentó a un rival que puso las cosas en su sitio desde el primer minuto. Y eso es bueno. Porque no hay nada como un buen cachete de realidad para despertar del letargo veraniego y recordar que el rugby, además de divertido, es un deporte exigente. Se notaron las ganas, la ilusión y, por supuesto, esa chispa competitiva que nos hace amar este deporte. Las chicas demostraron que, aunque el rodaje sea incipiente, la garra del Olímpico de Pozuelo ya empieza a rugir. Y no es poco, para ser el primer asalto. El objetivo no era la victoria, sino la cohesión, la toma de contacto y la puesta a punto de un motor que va a dar muchas alegrías esta temporada. Y en eso, sin duda, se cumplió con creces.
Y porque no todo en la vida es correr, placar y empujar (que también, y mucho), llegó el momento cumbre, la joya de la corona de cualquier encuentro de rugby: el tercer tiempo. Una tradición sagrada, casi religiosa, donde las rivalidades se desvanecen como un placaje mal hecho y solo queda la camaradería, las risas y, por supuesto, las jarras de la amistad. Mil gracias, y esto va con mayúsculas y reverencias, a la Uni Bilbao Rugby por su acogida, su generosidad y por demostrarnos, una vez más, que el rugby es mucho más que un deporte; es una excusa para hacer amigos y compartir unas buenas cervezas. Su hospitalidad fue tan buena como sus melés, y eso es decir mucho. Desde el Olímpico de Pozuelo les deseamos una temporada de DHB llena de éxitos, de placajes espectaculares y, por qué no, de muchas jarras de celebración.
Este viaje a Bilbao no ha sido solo un partido, ha sido una declaración de intenciones. Un ‘aquí estamos, hemos vuelto y venimos con ganas de liarla parda’. La #FamiliaOmega sigue creciendo, sigue soñando y, sobre todo, sigue disfrutando de cada minuto de este maravilloso deporte. La pretemporada es solo el aperitivo, la carta de presentación. Las bases están puestas, el equipo empieza a carburar y las nuevas incorporaciones ya saben lo que es defender el escudo con honor y una sonrisa. El camino será largo, lleno de desafíos y, probablemente, de algún que otro moratón que contar. Pero con la actitud demostrada en Bilbao, con esa mezcla de ilusión y picardía, el senior femenino del Olímpico de Pozuelo promete una temporada épica. ¡El Valle vuelve a rugir, y con él, la omega de nuestras chicas! ¡Aúpa Oli!
Aqui podeis ver los mejores momentos del viaje




