Hay lunes que se sienten como un maul en tu propia línea de 22: pesados, lentos y con un tipo enorme respirándote en la nuca. Pero luego, ves lo que ha pasado este fin de semana y se te quitan todas las tonterías. Porque mientras tú apurabas la siesta del domingo, nuestra escuela Sub-10 estaba en Zaragoza, haciendo historia y tomándose la ciudad con más desparpajo que Pedro I en el siglo XII. La referencia histórica es gratuita, pero es que la ocasión lo merece. Nuestros pequeños guerreros y guerreras se plantaron en la capital maña para disputar el VIII Torneo Escuelas Cesaraugusta, organizado por nuestros amigos del Fénix Rugby, y vaya si dejaron huella.
El fin de semana empezó como empiezan todas las grandes gestas: con un madrugón que ríete tú del canto del gallo. Padres y madres, con más cafeína que sangre en las venas, cargaron los coches con petates, botas, sueños y una cantidad ingente de bocadillos. El destino era Zaragoza, un lugar donde el cierzo sopla fuerte, pero nada comparado con el huracán de energía de nuestros pequeños Omegas. Llegar allí y ver los campos preparados, sentir el ambiente de camaradería y rugby, es algo que te reconcilia con todo. El Torneo Cesaraugusta no es un torneo cualquiera; es una de esas citas marcadas en rojo en el calendario, un festival del rugby base donde lo de menos es el resultado y lo de más es el tercer tiempo… bueno, y jugar un poco también.
Una vez sonó el silbato, el plan de conquista se puso en marcha. ¿Tácticas? ¿Estrategias? ¡Claro que sí! La estrategia principal era correr hacia delante como si no hubiera un mañana y placar todo lo que se moviera con una camiseta de otro color. Y creednos, funcionó a las mil maravillas. Vimos carreras por la banda que ni un galgo en el canódromo, placajes que hicieron temblar los cimientos de la Basílica del Pilar y una defensa tan férrea que la propia muralla romana de Zaragoza nos pidió consejos. Nuestros chicos y chicas, porque aquí la melena larga o corta solo importa a la hora de que no te tape los ojos para ver el balón, demostraron una vez más que la #FamiliaOmega es mucho más que un hashtag.
Cada ensayo era una celebración colectiva, cada balón recuperado un triunfo del equipo. Los entrenadores, esos héroes anónimos que merecen un monumento por su paciencia infinita, se desgañitaban desde la banda dando instrucciones que, seamos sinceros, a veces se perdían en el fragor de la batalla. Porque a esta edad, el rugby es instinto puro, es la alegría de correr con un balón ovalado en las manos, es caer, levantarse, sacudirse el barro y volver a la carga con una sonrisa de oreja a oreja. Y luego, el tercer tiempo. Ese momento sagrado donde los rivales se convierten en amigos, donde se comparten patatas fritas y se comentan las mejores jugadas. Ahí es donde se forjan los verdaderos valores de este deporte, en el respeto y la camaradería que van mucho más allá de los 80 minutos de juego (o los que duren en estas categorías, que con tanto lío uno ya pierde la cuenta).
El viaje de vuelta fue mucho más silencioso, la calma que sigue a la tempestad. Caras de cansancio, alguna que otra herida de guerra en forma de raspón, y la satisfacción del deber cumplido. No traemos un trofeo de oro, pero traemos algo mucho más valioso: la mochila llena de experiencias, amistades y lecciones de vida. Estos torneos son la esencia de nuestro club. Son la prueba de que el trabajo que se hace cada semana en El Valle tiene su recompensa. No en forma de victorias, sino en forma de niños y niñas felices, que aprenden a trabajar en equipo, a respetar al rival, a esforzarse y, sobre todo, a divertirse como locos.
Desde el Club Olímpico de Pozuelo, queremos dar las gracias de corazón al Fénix Rugby por una organización impecable y una hospitalidad legendaria. A todos los equipos participantes por la competitividad sana y el buen rollo. Y, por supuesto, a nuestros padres, madres y familiares, esa marea azul y blanca que nunca deja de animar y que son el pilar fundamental de nuestra escuela. Así que ya sabes, cuando este lunes te sientas superado por la rutina, acuérdate de nuestros Sub-10. Ellos ya conquistaron Zaragoza antes de que tú te tomaras el primer café. Lo tuyo, comparado con eso, es pan comido. ¡A por la semana, familia! ¡El Valle ruge con más fuerza que nunca!




