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El Tercer Tiempo nunca fue tan cremoso: 300 razones para amar a Santa Teresa Gourmet y al Olímpico de Pozuelo

¡Atención, rugbiers, afición y demás fauna del oval! Preparaos para un giro inesperado en el guion del Olimpo Pozuelero. Porque sí, somos brutos en el campo, de los que mastican césped y escupen gloria, pero también tenemos nuestro corazoncito y, sobre todo, unas papilas gustativas que, os aseguro, son más exigentes que el árbitro en la melé. En un movimiento estratégico que dejaría a cualquier estratega de XV perplejo, el Club Olímpico de Pozuelo ha elevado el listón del ‘tercer tiempo’ a cotas estratosféricas gracias a la bendición culinaria de nuestros nuevos compinches gourmet: ¡Santa Teresa Gourmet!

No hablamos de cualquier cosa, señores. Estamos hablando de ¡300 cremas de verdura! Sí, han leído bien, TRESCIENTAS. Esto no es un simple aperitivo; es una declaración de intenciones, un ‘aquí te pillo, aquí te como’ en toda regla, pero con la finura y el mimo que solo una marca de la categoría de Santa Teresa puede ofrecer. Después de dejarse el alma, los dientes y alguna que otra rodilla en el campo, no hay nada como reencontrarse con el calorcito de un bol de crema que te abraza el esófago y te susurra al oído: ‘Tranquilo, campeón, ya pasó lo peor… ahora a disfrutar de la recuperación más sabrosa’.

Esta colaboración con @santateresagourmet no es solo un patrocinio; es una alianza estratégica que demuestra que en el Olímpico de Pozuelo no solo se valora la garra en el césped, sino también el buen yantar y el cuidado de nuestros gladiadores, y de paso, de la afición que viene con el cuchillo entre los dientes… de hambre, claro. Porque un rugbier bien alimentado es un rugbier feliz, y un rugbier feliz es, sin duda, ¡un rugbier imparable! Es la fusión perfecta entre la pasión deportiva y el placer gastronómico, una combinación explosiva que promete dejar un regusto inmejorable.

El tercer tiempo, esa sacrosanta tradición rugbística que trasciende la mera ingesta de calorías post-partido, es el verdadero corazón palpitante de nuestro deporte. Es el momento mágico donde el rugido de la batalla se convierte en risas compartidas, donde el rival que hace cinco minutos intentaba arrancarte la cabeza ahora te comparte la mesa, donde las hostilidades se diluyen en anécdotas compartidas, y donde las estrategias de ataque se cambian por estrategias para pillar la última croqueta (siempre hay una). Y es precisamente en este escenario de camaradería y deportividad donde las 300 cremas de verdura de Santa Teresa Gourmet adquieren un significado casi místico.

Imaginad la escena: jugadores, entrenadores, familias, afición, todos juntos, cuchara en mano, compartiendo no solo una deliciosa crema, sino también los valores que nos unen con la fuerza de una melé bien formada. El respeto por el adversario, la humildad de la victoria y la derrota, el trabajo en equipo (¡hasta para servir las cremas con precisión de apertura!), y, por supuesto, la generosidad que es marca de la casa. Porque, ¿qué hay más generoso que compartir un festín de tal calibre después de haber sudado la camiseta hasta la última gota? Esta iniciativa no solo alimenta el cuerpo, sino que nutre el espíritu de lo que con tanto orgullo llamamos #FamiliaOmega.

En un evento tan señalado como el #DiaDelClub, donde cada miembro de nuestra gran familia se congrega para celebrar lo que somos, la aportación de Santa Teresa Gourmet no es solo bienvenida; es fundamental. Transforma un simple encuentro en una experiencia culinaria memorable, un gesto que eleva el listado de lo que significa ser parte del Olímpico de Pozuelo. Nos recuerda que, más allá de los puntos y las victorias, lo que verdaderamente importa es la unión, el apoyo mutuo y, por qué no decirlo, ¡el buen comer! Porque un equipo que come bien junto, permanece junto… y placan mejor, por si acaso.

Así que, mientras los jugadores del Olímpico de Pozuelo ya están soñando con el próximo bol de crema de calabaza, de champiñones o de la que toque (¡porque hay variedad, ojo!), queremos extender nuestro más sincero y estruendoso agradecimiento a Santa Teresa Gourmet por su apuesta por el rugby, por el buen gusto, y por entender que, aunque el balón sea ovalado y a veces un poco impredecible, el estómago bien lleno es la base de cualquier estrategia ganadora y de una buena recuperación. Su apoyo nos permite seguir construyendo ese ambiente único que nos define, donde cada placaje en el campo se compensa con un abrazo fuera de él, y cada gota de sudor se endulza con el sabor de la victoria… o de una crema deliciosamente nutritiva.

Esta alianza es un claro ejemplo de cómo, con el respaldo de empresas que comparten nuestros valores de excelencia y compromiso, el Club Olímpico de Pozuelo no solo aspira a metas deportivas ambiciosas, sino también a consolidar una comunidad fuerte, cohesionada y, sobre todo, ¡bien alimentada! Porque un rugbier con el buche contento es un rugbier feliz, y un rugbier feliz es, como ya hemos dicho, un rugbier imparable. Ya lo decía mi abuela, que era sabia como un pilier de primer nivel: ‘Barriga llena, corazón contento’, y si mi abuela jugara al rugby, ¡sería un tercera línea de los que hacen historia y además, traería las cremas al tercer tiempo!

Preparaos, porque si esto es el tercer tiempo, no me quiero ni imaginar lo que nos deparará el ‘cuarto tiempo’… quizás un masaje con aroma a boletus, o una siesta profunda después de tanta delicia. Lo que está claro es que en el Olímpico de Pozuelo, el espectáculo está garantizado, tanto dentro como fuera del campo, y ahora, ¡también en la mesa! ¡A por ello, Familia Omega, y que viva el sabor, la crema y los valores del rugby! ¡A disfrutar de cada cucharada, que la vida es demasiado corta para comer mal, y el rugby demasiado exigente para no reponer fuerzas con estilo!

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