Pozuelo huele a pólvora, a algodón de azúcar y a esa mezcla indescriptible de ilusión y ganas de fiesta. Septiembre ha llegado y, con él, la Semana Grande en honor a Nuestra Señora de la Consolación. Las calles se llenan, las luces parpadean y el murmullo de la ciudad se convierte en un rugido de celebración. Y como en toda buena fiesta, se necesita un pistoletazo de salida, un grito de alegria que anuncie que la tregua con la rutina ha terminado. Ese pistoletazo es el pregón, el momento en que, desde el balcón del Ayuntamiento, se da permiso oficial para desatar la alegría.
Este año, el honor de encender la mecha no ha recaído en un político de discurso enlatado ni en una estrella fugaz de la televisión. No, señores. Este año, el balcón ha sido conquistado por una horda de gente noble, algo bruta, y con una preocupante afición por el barro: ¡nosotros, el Olímpico de Pozuelo Club de Rugby! Y es que cumplir 60 años no es moco de pavo. Seis décadas de placajes, melés, ensayos en el último minuto y, sobre todo, de terceros tiempos legendarios. Parece que el Ayuntamiento ha decidido que, después de tanto tiempo dando guerra en el Valle de las Cañas, ya era hora de darnos un micrófono y ver qué pasaba. Un experimento social, quizás. O simplemente un reconocimiento a un club que es tan de Pozuelo como la estación de cercanías o las rotondas imposibles. Así que allí nos plantamos, cambiando las botas de tacos por zapatos de domingo (algunos con más éxito que otros) y listos para demostrar que nuestra elocuencia es casi tan poderosa como nuestra primera línea.
La estampa era digna de enmarcar. Varios de nuestros representantes, con la sonrisa de quien acaba de ganar un derbi, asomados a un balcón que ha visto pasar la historia de nuestro pueblo. La multitud abajo, expectante. ¿Qué dirían estos tipos acostumbrados a comunicarse con gruñidos y señales complejas en el campo? Pues hablaron de lo que mejor conocemos: de valores. Hablaron de equipo, de cómo una ciudad, al igual que un conjunto de rugby, solo avanza si todos empujan en la misma dirección. Hablaron de respeto, al adversario y al vecino, la base de nuestra convivencia. De sacrificio, de levantarse tras cada golpe, porque en la vida, como en el rugby, te van a placar más de una vez. Y, por supuesto, hablaron de celebración, de la importancia de compartir una caña después del esfuerzo, porque las victorias y las fiestas se disfrutan más en compañía.
Este pregón no fue solo el discurso de un club; fue el reflejo de 60 años de historia entrelazada con la de Pozuelo. Desde los chavales de la cantera que sueñan con llegar al primer equipo, pasando por nuestros equipos senior que se dejan la piel cada fin de semana, hasta los veteranos que siguen impartiendo lecciones de vida y de cómo evitar pagar una ronda. Somos una familia inmensa y diversa, un ecosistema de orejas de coliflor, rodillas vendadas y corazones azules y blancos. Somos los que llenamos de vida el Valle de las Cañas cada sábado por la mañana, los que enseñamos a los más pequeños que caerse no es un fracaso, sino una oportunidad para levantarse más fuerte. Este pregón ha sido el reconocimiento a todos ellos, a cada jugador, entrenador, directivo y aficionado que ha formado parte de esta locura llamada Olímpico.
Pero el Olímpico solo ha dado el saque inicial. El verdadero partido se juega ahora en las calles, y los jugadores estrella son las peñas y asociaciones. Ellos son el alma de la fiesta, los que montan las casetas, organizan los concursos y se aseguran de que la música no pare de sonar. Desde aquí, nuestro aplauso más sonoro y nuestro agradecimiento eterno. Sois la melé que empuja para que estas fiestas sean legendarias.
Y ahora, ¿qué? ¿Nos volvemos al campo a entrenar? Si, pero solo lo estrictamente necesario, después La familia del Olímpico se despliega por el recinto ferial. Nos encontraréis poniendo a prueba la resistencia de las barras de las casetas, participando en los eventos (probablemente con una técnica de ‘maul’ muy depurada), y disfrutando de cada concierto como si fuera el pitido final de una final ganada. Si nos veis, no seáis tímidos. Saludad, chocaos la mano, invitadnos a algo (esto último es muy importante). Somos gente sencilla, aunque aparatosos. Así que, pozueleros, ¡a disfrutar! Que esta semana sea un ensayo de felicidad marcado en el minuto 80. Desde el Olímpico de Pozuelo Club de Rugby, en nuestro 60 aniversario, os deseamos unas fiestas inolvidables. ¡Que la Consolación nos pille confesados y con el vaso lleno! ¡Aúpa Olímpico y Felices Fiestas, Pozuelo!




