Los recuerdos e imágenes bloquearon las teclas del ordenador, el devastador efecto del tsunami de lo increíble-incomprensible de hace doce semanas me impidió traducir lo que el alma ilegiblemente gritaba durante todo este tiempo.
Muchos de nosotros todavía estamos mojados, algunos calados hasta los huesos y doloridos por semejante bofetada de realidad. Pero ahora mismo, paradójicamente en noche lluviosa y fría de octubre, noto un poco de luz que pone orden en el vocabulario. Sí, voy a ser egoísta y me desahogaré con vosotros; no se cuánto durará la claridad, pero vomitaré lo que llevo dentro y veremos a ver si luego me siento mejor.